Emisora Virtual de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción

¿TE ESTÁ “COMIENDO” EL ODIO?

El odio no hace otra cosa en el corazón que carcomer lo mejor de cada uno. El odio no deja nada a su paso, mancha los mejores momentos de la vida, amarga lo dulce del ser, enceguece el alma, y poco a poco, se consume los años convirtiendo en espinas los bellos rosales que Dios planta en el interior. ¡O dejas el odio o el odio te consumirá!

Esta es la historia de Rubén Darío Vásquez Vallejo, un joven que nació el 15 de julio de 1991. Hijo de Darío Vásquez y Luz María Vallejo Giraldo, y el segundo de 6 hermanos. A los seis meses de gestación en la ciudad de Medellín, nace con una parálisis cerebral, la que a lo largo de su vida le ha ocasionado afectaciones musculares, impidiendo que los pies se le desarrollen de manera adecuada, dejándolo en silla de ruedas.
A la edad de 3 años Rubén podía caminar con ayuda de alguien o sostenido de algo que le permitiera desplazarse. En el transcurso del tiempo inició un tratamiento en la clínica San Vicente de Paul, donde le realizaron una cirugía a fin de mejorar su condición física, en la cual, los padres al tiempo se dieron cuenta que quienes habían realizado la cirugía eran practicantes de este hospital, y la que lastimosamente no fue exitosa. Sentía haber perdido la poca fuerza en sus piernas que le permitían sostenerse. Sin embargo, viendo lo que estaba sucediendo, le realizaron terapias para mejorar su motricidad.

Ya son 26 años con su discapacidad, la cual ahora lleva con honor. La alegría que refleja no ha sido casual, sino el fruto de su decisión de perdonar de corazón todo lo que sufrió desde que llegó a la vida.
Rechazado por su propia madre y algunos de sus familiares, Rubén se vio enfrentado a la crudeza de la vida. Sentirse en muchos momentos un “engendro” o un “fenómeno”, le robó la paz a su corazón por muchos años. Se convirtió en un joven sin deseos de vivir, sin proyecciones, sumergido en un dolor por no poder levantarse de su silla de ruedas y verse humillado por quienes deberían tenderle la mano. Cayó en las garras del resentimiento y su vida se volcó al alcohol y a la soledad.

¡Déjale la justicia a Dios! Dios es el único que puede hacer justicia; sólo él que ama de verdad, puede ser justo. Es por eso que a nosotros nos cuesta tanto ser justos, porque no amamos sinceramente. El que tenga sed de venganza láncese a los pies del Señor y ruéguele su paz; no sea que, por tomar venganza de lo que le hicieron, termine más herido. ¿Quieres venganza? ¡Perdona! Dentro de las experiencias por las que pasó Rubén, quedó una reflexión que él mismo da, como remedio de sanación para él y quien sepa de su historia. Muchos dicen, que no descansarán hasta ver sufrir a otros lo que ellos han sufrido, que se sacarán esa “espinita” del corazón devolviendo con mal, al que le ha hecho mal. ¿Esa es la salida? ¡El odio sólo engendra muerte! Es el perdón el que devuelve la vida. El que paga con odio y venganza nunca se llena, siempre quiere odiar más y vengarse más. La única manera de apagar el fuego devorador del resentimiento es perdonando; quien perdona se siente pleno y habrá recuperado la juventud de su vida. Y tú, ¿quieres morir odiando o vivir perdonando?

Después de una experiencia personal con Dios, Rubén encontró el verdadero sentido de su vida, comprendió que el dolor que llevaba en su corazón lo único que hacía era postrarlo más en su silla de ruedas. Que su mayor mal no era el no poder caminar, sino el no poder amar y perdonar. ¡Se sintió, por fin, amado! Salió de su prisión interior y se dedicó al servicio de Dios. No sólo perdonó, sino que ofreció su vida por el rescate de aquellos que sufren, prisioneros y postrados en su odio; el odio limita a quien lo lleva; el odio produce enfermedad, roba el sueño, se hace maquinaciones mentales donde no las hay, descompensa el corazón.
Si sientes que te es imposible perdonar, acude al Señor; no son tus fuerzas las que alcanzan el perdón, no es tu amor el que puede vencer al odio; es la fuerza de Dios la que te levanta y es su amor infinito el que te enseña a perdonar todas las faltas, por graves que sean. En tus manos está la vida y la muerte. ¡Decídete por el perdón y vive! ¡Deja tu odio y, así, no morirás! Ya son 6 años desde que Rubén perdonó; y aunque sigue adherido a su silla de ruedas, es el hombre más libre de todos, pues el perdón le hizo libre. Ahora su vida transcurre entre el vender boletas y servir al Señor donde lo envíe. Su testimonio ha sido base para la superación de muchas personas, especialmente jóvenes que renegaban de su vida, y al ver la paz que experimenta Rubén por haber perdonado, decidieron dejar sus cadenas de odio y volver a nacer. ¡Aquí está el hombre que volvió a la vida!

Ruben, actualmente tiene el proyecto de evangelizar a través de redes sociales, puedes seguirlo AQUÍ

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